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Categoría: EDUCACION

Una manera de no complicarnos la vida


Mariano Martín Castagneto



No resulta poco frecuente encontrar gente que suele ser fanática de la filosofía de vida del “todo está bien”. Básicamente, consiste en disimular los sinsabores que la vida nos ofrece y demostrar que ellos son los que entienden verdaderamente el meollo de la cuestión y que no hay nada capaz de doblegar su tenacidad, por cierto muchas veces artificial y falsa.

Aclaremos que no hablamos aquí de la virtud de la fortaleza o la perseverancia frente a las dificultades de la vida, si no más bien lo contrario, el aparentar el bienestar interior y exterior cuando en realidad el alma parece estar pidiendo auxilio hace tiempo y el cuerpo le acompaña en ese coro suplicante.

Es cómo vivir constantemente con una máscara. Una sonrisa en la cara, pero… de plástico. Debajo del disfraz se esconden las contradicciones no asumidas, propias del ser humano. Encuentran refugio todos los sentimientos de tristeza que no deben exteriorizarse por temor a ser tildados de débiles; las lágrimas que escapan en la intimidad al experimentar nuestra natural debilidad son las mismas que no pueden recorrer las mejillas frente al prójimo por evitar la censura del dedo acusador.

Allí, debajo de ese plástico pintado que oculta el rostro sufriente, también hallamos los problemas no resueltos, que se hipotecan para un futuro que ni siquiera se sabe si llegará. El tiempo, sabio, se encargará de demostrar que no hay buen camino para quien escapa de sus problemas y se refugia en las apariencias.

¿No es más fácil acaso descubrirnos débiles, asumir culpas, remediar, olvidar y empezar todos los días de nuevo? ¿Por qué ese afán de sentirnos en la obligación de tener que responderle siempre a la tribuna?

Son personas comunes y corrientes, de ningún modo especies en extinción. Mas bien, proliferan cuando la inseguridad se adueña de sus vidas y se transforma en reina de sus acciones.

Simular que está todo bien cuando por dentro estamos destruidos, es la manera más rápida de enloquecernos. El negar nuestros momentos de zozobra acarrea consecuencias psicológicas muy graves. Es bueno permitirse momentos de tristeza, de desamparo. Es bueno conocer que el hombre es así, que está lleno de contrariedades, de sentimientos que se pelean por protagonizar nuestros estados de ánimo y que muchas veces somos incapaces de saber ordenarlos.

No se trata de ser pesimistas. Se trata de ser realistas. La vida no es color de rosa pero ciertamente también está llena de primaveras. Hoy hay tristeza, pero seguramente a la vuelta de la esquina estará la felicidad que siempre buscamos.

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