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Categoría: ESPIRITUALIDAD

Si no robo ni mato, ¿de qué me tengo que confesar?

Enviado por nuestro colaborador Javier Luzón

 


Esta relación de actitudes negativas, puede ayudar a caer en la cuenta de fallos que pocas veces valoramos.

1- Perdón por ser un cristiano poco alegre. Por falta de confianza en Dios, sufro por dificultades y peligros de los míos, y se me olvida que el Señor les quiere más que yo y puede remediarlo todo.

2- Perdón por mi voluntarismo, al darle constantes ideas a Dios para que enmiende tal o cual situación, sin acordarme de que Él lo ve todo y conoce mejor que yo lo que más me conviene.

3- Perdón por no quererme mucho a mi mismo, olvidándome de que Jesús me quiso tanto que murió por mí.

4- Perdón por inquietarme al comprobar mis defectos: mi exigencia excesiva, mi rigidez, mi impaciencia, mi responsabilidad patológica o mi dureza.

5- Perdón por fijarme tanto en mis defectos y no dar suficientes gracias por mis cualidades de rectitud, lealtad o austeridad, que el Señor puso en mí.

6- Perdón porque mi impaciencia ofende a los demás: veo las cosas tan claras, que me impaciento ante las respuestas que deberían dar otros, y no les dejo avanzar por sí mismos.

7- Perdón por la irritabilidad, por la respuesta precipitada, sin pensar que puede ofender, por mi falta de serenidad.

8- Perdón por no ser siempre agente de paz: con mi afán de corregir defectos, causo más daño que callando.

9- Perdón por haber hecho juicios duros, olvidando que el único que tiene derecho al juicio condenatorio es el Señor.

10- Perdón por cuidar poco mi cuerpo, comiendo de más, bebiendo de más y no haciendo ejercicios diarios que me darían más vitalidad.

11- Perdón por no haber sabido comprender a mi cónyuge en su espontaneidad, debilidad o ignorancia, y haberle ofendido sin querer.

12- Perdón por haberme sentido cansado de mi cónyuge, que es como un hijo pequeño más, que compite con el cariño de los otros; por no aceptar que las cosas sean así, y que no es el amor que soñé, sino el que elegí, con sus virtudes y sus defectos.

13- Perdón por soñar aún con una profundidad de comunión con los seres cercanos en esta vida, que sólo podremos tener en el cielo.

14- Perdón por no haber sabido saciar las ansias de cariño de quienes me rodean.

15- Perdón por no haber entregado mis hijos al Señor, sabiendo que él les quiere más que yo, y no les he querido soltar.

16- Perdón por haber sido poco equitativo con mis hijos y no procurar con diligencia una educación más honda, a cada uno de ellos.

17- Perdón por resaltarles los defectos en lugar de estimular sus cualidades, siguiendo la errónea mentalidad según la cual, si uno alaba a la gente, se podría poner orgullosa.

18- Perdón porque, cuando la conducta de un hijo me inspira desconfianza, en vez de ponerle en las manos del Señor, trato de controlarle para que no le pase nada, quitándole autonomía y sentido de responsabilidad.

19- Perdón por no tratar adecuadamente a mis suegros. Soy poco cariñoso y comprensivo con ellos, me falta paciencia ante las limitaciones de su vejez; apoyo poco a mi cónyuge en sus deberes con sus padres; y me falta prudencia para guardar la "distancia de seguridad" que previene sus intromisiones en nuestro matrimonio, con las consiguientes tensiones conyugales.

20- Perdón por la vergüenza que sentí cuando creyeron que era mía la hijita de esa persona de más baja posición social. El apuro con que lo negué, delató la debilidad de mi caridad.

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