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Categoría: FE

San Pablo y el genio femenino (3): La pitonisa, mujer objeto


Remedios Falaguera



"Sucedió que al ir nosotros al lugar de oración, nos vino al encuentro una muchacha esclava poseída de un espíritu adivino, que pronunciando oráculos producía mucho dinero a sus amos.

Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que os anuncian un camino de salvación.» Venía haciendo esto durante muchos días. Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella.» Y en el mismo instante salió.

Al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta el ágora, ante los magistrados; los presentaron a los pretores y dijeron: «Estos hombres alborotan nuestra ciudad; son judíos y predican unas costumbres que nosotros, por ser romanos, no podemos aceptar ni practicar.»

La gente se amotinó contra ellos; los pretores les hicieron arrancar los vestidos y mandaron azotarles con varas. Después de haberles dado muchos azotes, los echaron a la cárcel y mandaron al carcelero que los guardase con todo cuidado”
. (Hechos 16,16-23)

Es una delicia observar en este texto como San Pablo pone en evidencia la superioridad del poder de Jesucristo ante esta plaga de adivinos, magos, médium, espiritistas, etc. dominada por la fuerza del demonio, que entonces, como ocurre hoy en día, tiene un gran numero de seguidores. Pero, hay algo más. El apóstol San Lucas aprovecha el episodio de la pitonisa no solo para manifestar la superioridad del mensaje de Jesucristo ante el poder maligno de la superstición, sino para demostrar al pueblo de Filipos su comprensión ante esta joven esclava, se supone que al servicio de los sacerdotes paganos, exorcizándola y jugándose la vida en defensa de su dignidad explotada.

Si leemos con atención estas palabras, resulta de tremenda actualidad la defensa de la dignidad de esta esclava; ya que podemos suponer que dadas sus cualidades adivinas, se habría pagado por ella un alto precio, y sus amos se lucraban económicamente gracias a ella, convirtiéndola en lo que en pleno siglo XXI se considera una mujer objeto.

“Al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia” la reacción es inevitable. Son capaces de denunciar al apóstol públicamente, con doblez engañosa, aludiendo a falsas injurias salidas de la boca del apóstol para no rebelar su verdadera intención: Vale la pena difundir mentiras contra el bien que perder los privilegios. Si para evitar que las arcas mengüen hay que dejar por el camino el respeto que la mujer se merece convirtiéndola en mujer objeto, no hay problema alguno.

Como ya pasaba en la época del apóstol, hoy 2.000 años después, el complejo de superioridad que muchos hombres tienen hacia la mujer, tiende a colocarla en un segundo plano, y a tratarla como mujer-objeto cuya única misión en la vida es hacer la vida agradable a su marido, a su padre, a sus hermanos, a su jefe,… Pongamos un ejemplo desgraciadamente muy actual y que afecta a miles de mujeres como es la violencia domestica. La mujer, como objeto que pertenece al hombre, tiene que acatar con una sumisión y respeto mal entendido la voluntad de su cónyuge, y en caso contrario, el hombre se considera con derecho a recurrir a la. De ello depende un matrimonio feliz y con éxito.

En caso contrario, la mujer era presa de un sentimiento de culpabilidad, que llegaba a aceptar la violencia física o verbal como una consecuencia lógica del incumplimiento y del fracaso en su misiónComo ya pasaba en la época del apóstol, hoy 2.000 años después, la concepción de superioridad de muchos hombres hacia la mujer, sigue manteniéndola en un segundo plano como mujer objeto.

Pues bien, como nos muestra este pasaje de los Hechos de los Apóstoles, San Pablo, cansado ya de esta situación, nos habla de respeto, de igualdad y de dignidad. La repulsa que siente hacia todo tipo de violencia contra la mujer utilizándola como reclamo no le permite dejar pasar la ocasión y “dijo al espíritu: En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella “, para que vuelvan a brillar en la mujer endemoniada su valor intrínseco, sus cualidades, valores, cultura, feminidad, ternura, intuición, esfuerzo... que nunca nadie tendría que haber violado.

Y al igual que entonces, hoy es Benedicto XVI el que afirma: ” Hay lugares y culturas en los que la mujer es discriminada y minusvalorada sólo por el hecho de ser mujer, en los que se recurre incluso a argumentos religiosos y a presiones familiares, sociales y culturales para defender la disparidad de los sexos, en los que se perpetran actos de violencia contra la mujer, haciendo de ella objeto de malos tratos o de abusos en la publicidad y en la industria del consumo y de la diversión. Ante fenómenos tan graves y persistentes parece más urgente todavía el compromiso de los cristianos para que se conviertan por doquier en promotores de una cultura que reconozca a la mujer la dignidad que le compete, en el derecho y en la realidad concreta. (Discurso a los participantes del Congreso Internacional «Mujer y varón, la totalidad del humanum» el 10 febrero 2008)

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